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Música
para bodas II
Debe
ser interpretado por un conjunto (terceto, cuarteto o quinteto),
o un organista: pero lo más indicado es un coro, y especialmente
una buena voz femenina acompañada por música de cámara.
Si no se dispone de presupuesto, siempre puede pincharse un buen
equipo de sonido a la megafonía del templo a cargo de un
amigo que tenga claro lo que va en cada momento.
Eso sí,
por mucho cariño que tengamos a un sobrino o un amigo que
empiezan a tocar el violín o la guitarra, no le pidamos que
amenice la boda a no ser que sea un profesional experimentado en
estos menesteres: puede destrozar la ceremonia aunque ponga su mejor
voluntad. Como compensación, se le puede encargar la recepción
del cóctel o del banquete donde estará menos nervioso
y sus fallos pasarán más inadvertidos.
Otra buena
alternativa, es un coro rociero o flamenco, que también sabrán
envolver y adornar la boda magníficamente.
Más
originales y atrevidos son los espirituales, o incluso la música
child out, baladas o pop suave, para los momentos de entrada y salida.
Cuidado con las improvisaciones si no se tiene un control pleno
de gusto, ritmo y ambiente musical.
Hay que
establecer con el ordenante de la celebración los momentos
en los que cabe la posibilidad de música y asignar cada obra
a esa pausa.
Música
para el cóctel y el banquete
Si se realiza
un cóctel de bienvenida a los invitados, la música
debe ser suave y tranquila, a un tono tal que permita a la vez la
conversación y llene los vacíos de esta en determinados
corrillos.
Hay que
diferenciar si el cóctel se celebra en un recinto cerrado
o en un jardín, o lugar exterior. El exterior permite más
frescura y romanticismo, aunque si el salón del cóctel
es inmenso también valdrá. En este caso se puede contratar
una orquesta de cámara, un quinteto de cuerda, un conjunto
de jazz o una cantante de música romántica, melódica
y baladas. La música irá recibiendo a cada invitado
y le hará distribuirse a lo largo del frente de los músicos
donde se servirán los canapés y bebidas.
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