A la hora de escoger sus alianzas de boda, muchas parejas se decantan por la personalización absoluta y las encargan a medida para ellos. Cada persona quiere un material, un tamaño, una forma, más o menos pedrería… Es probable que, llegada al punto de elegir el anillo que llevarás en tu mano toda la vida, quieras que sea único pero no sepas muy bien cómo conseguirlo. Lee con atención los detalles que debes tener en mente antes de acudir a tu joyería de confianza.

El material. El metal tradicional para este fin siempre ha sido el oro, especialmente el amarillo, pero también el oro blanco y el oro rosa. Es importante tener muy en cuenta el kilataje: si bien el oro de 24k es el más puro, también resulta el más propenso a deformarse, por lo que, por el bien de la resistencia de la joya, mejor decantarse por 18k o 14k. La plata es una opción más económica pero igualmente aceptable.

Eugenio Lumbreras©

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El titanio es un metal menos brillante y más oscuro, pero su ventaja reside en que es hipoalergénico. También ideal para las pieles más sensibles es el platino que, además, brilla incluso más que la plata o el oro. Eso sí, por su belleza y por ser aún más hipoalergénico que el resto, tiene un precio elevado.

Tal vez te suene muy extraño, pero existe otro material que puedes utilizar, el tungsteno (también conocido como wolframio). Su tono es muy oscuro pero sobrio y elegante, y reluce al pulirlo. Si trabajas mucho con las manos y eres un poco desastre a la hora de cuidar joyas, este es tu metal, pues aguanta muy bien golpes y rayones.

¿Quieres dar un paso más? Mezcla metales, como por ejemplo, oro amarillo y blanco, o blanco y rosa.

ARYGOR

Argyor©

La forma y el acabado. Ya tienes tu metal y el siguiente paso es darle la forma que deseas. La alianza clásica es la de media caña, esa que seguramente llevan tus padres y tus abuelos. Hoy en día, sin embargo, es común verlas planas o rectas, mucho más modernas. Resultan encantadoras las facetadas, sobre todo si han sido labradas artesanalmente con intrincados y hermosos dibujos. 

Eleka©

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El acabado más popular para alianzas es el pulido, es decir, el que proporciona ese brillo centelleante y perfecto en la pieza y elimina cualquier imperfección. El mate, en contraposición, brinda una superficie lisa pero sin el lustre del pulido, y puede tener un aspecto sedoso y satinado o algo más grueso. El cepillado es más tosco que los anteriores, pues se ven y se sienten rayas como si la pieza se hubiera trabajado con un cepillo de alambre. También es encantador el florentino, que forma líneas grabadas que se entrecruzan, y el falso pavé, una textura que imita minúsculos diamantes.

Sawyer Baird©

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El grosor y la talla. El grosor del anillo depende de los gustos de cada persona y del tamaño de su mano, y suele oscilar entre 2 mm y 7 mm. Lo mejor es escoger una anchura equilibrada, que no peque de ordinaria por grande, ni de invisible por demasiado fina. Aunque marido y mujer compartan el diseño de la alianza, el grosor puede (y debe) variar para cada uno, puesto que los dedos de una mujer son más estilizados que los de un hombre.

Con respecto a la talla, recuerda que es mejor que sobre un poquito a que quede muy prieta. Nuestro cuerpo se dilata con las altas temperaturas y, además, nunca se sabe si ganarás unos kilos con el tiempo mientras que, si los pierdes, ajustar un anillo grande es muy sencillo. 

Tamara Gruner©

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Los últimos detalles: piedras y grabado. Incrustar piedras o no en tu anillo es opcional. Los hay que prefieren la sencillez y el brillo propio del metal, mientras que otros no se conforman sólo con esto y añaden lujosos diamantes o zirconios, algo más modestos. Las piedras, por su delicadeza, suelen quedar mejor en la alianza de la novia que, incluso, puede atreverse con alguna gema de color. 

Marta Ortiz Joyeros©

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El último paso para que el anillo sea más único, si cabe, es el grabado que llevará en su interior. Vuestra fecha de matrimonio y vuestros nombres (o cualquier palabra de amor que signifique algo para vosotros) serán el cierre perfecto de estas alianzas personalizadas. Una vez finalizadas, entrégaselas al padrino para que las guarde, seguras y protegidas, hasta el día en que te la pongas para siempre.