Una tarde de otoño, en el Hotel Innside Madrid Suecia, el momento más importante de su vida: Lorena iba a casarse con Fran. Cada detalle de su look y de la decoración, una oda a esta estación de cambio, estaba estudiado al milímetro para conseguir un estilo naif y clásico que quería atrapar los últimos rayos de sol del verano.

El cabello de Lorena, semi recogido en ondas suaves, se entrelazaba con las ramas brillantes de la tiara de Pepa Ramírez, y lo completaba un velo corto y simple. Su maquillaje, de Nuar, concordaba con la naturalidad de su peinado: tan sólo un poco de máscara de pestañas, sombra azulada y unos labios vino cubrieron el rostro de la joven, cuya belleza poco necesitaba para ser destacada.

Su vestido de Pronovias, de corte princesa, favorecía su figura curvilínea. El corpiño de escote corazón brillaba con sus detalles de pedrería y se abría en la cintura en una amplia falda sin apenas cola. Fran, también tradicional, optó por un frac en negro y gris.

Los colores cálidos fueron los protagonistas del enlace. El ramo de la novia presentaba unas florecillas marsala, a juego con su boca y con sus peep toe de media altura firmados por TitaBonita. También rojos, llenos de vida, fueron los pétalos que los invitados lanzaron a los recién casados para desearles prosperidad durante todo su matrimonio.

Combinaban, asimismo, con el ramo los motivos florales que ornamentaban el salón y los centros de mesa, y se dejaron ver algunas espigas secas, que pretendían mimetizarse con los parajes de El Pardo, donde se celebró la boda, o tal vez con ese verde desgastado por el otoño de los jardines de la Finca de Soto de Cerrolén, en Torrelodones, lugar en el que se llevó a cabo el banquete y la fiesta. Las damas de honor, ataviadas con unos elegantes trajes azulones, rompieron con gracia con la calidez preponderante.

El delicioso catering de Cardamomo hizo entrar en calor a todos los amigos y familiares de los novios, que pudieron disfrutar de una emotiva velada en el rústico salón de la Finca.

El reportaje fotográfico a cargo de Patricia Grande, imágenes cuidadas y de estética contemporánea, donde destacan el naturalismo y la belleza.

Alumbrados bajo luces tenues que indicaban la llegada de la fiesta, Lorena y Fran se unieron, ya marido y mujer, para bailar con dulzura al son de la voz ronca de Louis Armstrong, que prometía una Vie en Rose por el módico precio de besos de amor, del corazón y del alma.

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