Si crees que una boda celta implica que los novios vistan como Arwen y Aragorn de El Señor de los Anillos y que se celebre en medio del monte, compartes la visión de la mayoría de las personas a las que les falta mucho por saber acerca de su significado.

El ritual se conoce con este nombre porque tiene su origen en los pueblos de Irlanda, Escocia y Gran Bretaña que regían sus vidas en base a esta cultura. Se le llama también Sagrado Rito de la Unión de Manos o Handfasting porque sus contrayentes entrelazan sus manos formando el símbolo del infinito, y las rodean con una cuerda.

©Chris Isham

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Un matrimonio de estas características no implica simplemente la convergencia de dos personas, sino la fusión de dos almas que prometen acompañarse, complementarse y aprender la una de la otra. De hecho, la posición de las manos representa, además de la eternidad, el equilibrio entre el Sol y la Luna, el hombre y la mujer, y cómo estos opuestos gozan de igualdad y armonía.

Ella es la protagonista del acto. Las antiguas celtas poseían el privilegio de escoger a su pareja en una especie de pedida de mano a la que acudían los jóvenes solteros. Ahora se trata de una práctica obsoleta, pero de la que quedan algunas reminiscencias. La novia se considera el símbolo de la Diosa Triple Celta Brigid, diosa del fuego y de la fertilidad. Cuando se le coloca el velo, la diosa le traspasa a la aún doncella sus conocimientos y, cuando el novio se lo retira, aparece ya la mujer. La corona de flores que hoy día se ha conservado no es sino un símbolo de la fecundidad y feminidad de la diosa.

©Souder Photography

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©Shane O’Neil of Aspect Photography

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La tradición celta otorga mucha importancia al surgimiento de vida, por lo que el Ostara, a partir de la primavera, resulta el momento idóneo para la celebración. El florecimiento de las cosechas, las plantaciones y, en definitiva, el renacer de la naturaleza, incita al casamiento, una costumbre que se ha traspasado también a las bodas que en la actualidad entendemos por convencionales en Occidente.

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©Rebekah J Murray

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©Shane O’Neil of Aspect Photography

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Un evento de esta clase requiere, para ser auténtico, pan y aguamiel (o vino o sidra) en el banquete. La novia toma el pan y el novio, la bebida, mientras el sacerdote les bendice. Si queréis conservar la tradición sin privaros de un buen festín, podéis hacerlo al final, tras primeros y segundos platos, y sustituir el pan por un pedazo de tarta.

©Meg Perotti

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©Souder Photography

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Otra curiosidad de este particular matrimonio es que, en el inicio, se establecía algo similar a un periodo de prueba. Tras la ceremonia, la pareja estaba casada a efectos legales pero, pasados seis meses o un año, debían renovar los votos para hacerlo definitivo. Si no, se consideraba anulado. La leyenda afirma, además, que los recién casados celebraban sus nupcias tomando hidromiel y frutas, ambos considerados afrodisíacos, durante un mes lunar. De ahí lo que hoy llamamos Luna de Miel.

Ahora que ya conoces los detalles principales de una boda celta, puedes tomar ideas para la tuya, tal vez siguiendo a rajatabla la tradición o mezclándola con la modernidad y con tus propias costumbres. Si eres una romántica sin remedio, creyente de las almas gemelas y defensora del simbolismo, esta es tu boda.