Nuestros padres y abuelos se casaban jóvenes, pero nos repiten que hoy en día no debemos lanzarnos a dar el paso precipitadamente, pues debemos estar seguros de con quién vamos a pasar el resto de nuestra vida.

Elizabeth Taylor escogió pasar la suya con la idea del amor, pero no logró hacerlo con una sola persona. A los 18 años ya se había unido a su primer marido, el heredero de la cadena de hoteles Hilton Conrad Nicholson ‘Nicky’ Hilton Jr. Corría el año 1950 y la actriz de ojos violetas lució un vestido clásico de satén que le regaló Metro Goldwyn Mayer.

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Tan solo dos años después, la joven Liz no solo era divorciada, sino que se lanzaba a su segundo matrimonio con el actor Michael Wilding, que doblaba su edad. Su ropa en esta ocasión no pudo ser más opuesta a la primera: un dos piezas muy sobrio con un ancho cuello baby.

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En 1957, y con dos hijos de su anterior matrimonio, Cleopatra volvía a enamorarse, esta vez del productor Michael Todd. Para él lució un traje digno de una princesa, con el pelo semicubierto por una suave tela que salía del propio vestido. Fue el único matrimonio de la actriz que no terminó en divorcio sino en tragedia: Todd falleció en un accidente aéreo.

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El marido que le sucedería fue el más polémico: seis meses más tarde de su viudedad, reencontró el amor con Eddie Fisher, el mejor amigo de Michael Todd, y que entonces estaba casado con una íntima de Taylor, la actriz Debbie Reynolds. Lució una de sus vestimentas más originales, de un verde botella intenso semitransparente y con una delicada capucha cubriendo su cabello. A pesar de los desengaños recurrentes, depositó la fe suficiente en su cuarta pareja como para convertirse en judía por él, e incluso tuvieron una hija. Pero ni siquiera una conversión pudo evitar que se separasen en 1964.

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Taylor aseguraba que su quinto esposo fue su verdadero amor. Conoció a Richard Burton en Cleopatra, se casaron en 1964 y adoptaron a una niña. Ella llegó a engordar a propósito para evitar que le ofrecieran papeles y centrarse únicamente en su familia. Tal vez el amarillo que escogió la actriz para la ceremonia cumplió el mito de la mala suerte porque, tras un bache de poco más de un año, volvieron a casarse en 1975, pero sólo duraron unos meses más.

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Poco tiempo después, una Liz madura y víctima del alcoholismo pasó seis años junto con su séptimo romance, el senador republicano John Warner. Fueron precisamente sus problemas con la bebida los que la condujeron a sus últimas nupcias, en 1991, con un obrero de la construcción que conoció en la clínica de desintoxicación Betty Ford. Lo hicieron en el rancho de Neverland de Michael Jackson, de quien era amiga cercana. Tras divorciarse en el 96, no volvió a pronunciar el sí quiero hasta su fallecimiento en 2011.

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Fuente fotografías: Pinterest