Nuestros abuelos se casaban a los 18, nuestros padres con poco más de 20, y nosotros lo hacemos cerca de los 30, con suerte. Y no es que no queramos o no estemos enamorados, sino que la inestabilidad económica hasta entrada la treintena y las ansias de volcarnos en el ocio y conocer mundo antes de formalizar la relación han retrasado periódicamente la edad a la que nos decidimos a dar el paso.

Pedro Bellido

¿Y si existiera un intervalo que pudiera propiciar un matrimonio feliz, sólido y duradero, independientemente de las circunstancias mencionadas? Así lo cree el sociólogo de la Universidad de Utah, Nick Wolfinger. Tras estudiar los datos recogidos en la Encuesta Nacional de Crecimiento Familiar de Estados Unidos de 2006 a 2010, ha concluído que el intervalo perfecto para pronunciar el “sí, quiero” se da entre los 28 y los 32 años, pues en ese rango se producen menos divorcios.

Hasta ahora, la opinión popular e incluso algunos estudios sociológicos habían determinado que un final feliz es más factible cuanto mayor se pasa por el altar. Wolfinger no sólo trata de desmontar esta teoría, sino que afirma que, por cada año que pasa después de los 32, las posibilidades de separación aumentan en un 5%.

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¿En qué se basa el sociólogo para propugnar su afirmación? La respuesta es, simplemente, la estadística y el análisis de datos de población variada en sexo, edad, educación, raza, religión, estructura familiar y población de residencia.

Cabe cuestionarse, pues, si unas bases puramente matemáticas son suficientes para determinar el comportamiento humano, en el que influyen factores personales, psicológicos y emocionales de una complejidad difícilmente abarcable por las ciencias puras.

Con esto no se quiere desmentir el postulado de Wolfinger sino, más bien, aportar un significado humano a los datos. Parece lógico que entre los 28 y los 32 sea la edad idónea para contraer matrimonio, puesto que se trata de un punto crucial en la maduración de ambas partes de la pareja. El trabajo estable ha llegado al fin, y lleváis una larga temporada de convivencia. No sois lo bastante jóvenes como para carecer de opiniones y gustos propios, pero sí lo suficiente como para amoldaros al otro sin dejaros llevar por vuestras manías personales.

¿Si os casáis a los 27 o a los 33, estáis condenados? No. Esto sólo es una estadística, y vosotros no tenéis por qué ajustaros a ella. Vuestro momento llegará cuando tenga que llegar, tal vez un poco más temprano o puede que algo más tarde, pero lo hará en el momento justo.

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