Se va a casar un ser querido muy cercano a ti, tal vez un hermano o hermana, un primo o una amiga muy íntima, y todo lo que sientes es felicidad hasta que te pide un favor un tanto incómodo, sobre todo si tienes pánico escénico: que oficies su boda.

Las personas que organizan bodas personalizadas suelen ser aquellas que legitiman el acto por lo civil, y buscan algo emotivo más allá del acto frío de la firma de un documento legal. Por ello, el rol de los oficiantes no es fácil, pues son responsables de una boda de carácter simbólico, y que debe conjugar el amor y los sentimientos de la pareja durante años en apenas unos minutos.

The Creative Shot©

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Lo más importante de todo es que, antes de empezar a trabajar en la estructura de la ceremonia, el encargado quede varias veces con los novios para consensuar de qué manera quieren que sea, en rasgos generales, la boda. Aquí hay que discutir la duración, el orden de las intervenciones, si habrá música o no…

La elaboración de un guion es una excelente herramienta para plasmar las ideas bien ordenadas y facilitar la fluidez del acto cuando se ponga en práctica. Aunque con variaciones, el esqueleto base de una boda comienza con unas palabras de presentación por parte del oficiante, en las que éste puede introducir brevemente cómo se conocieron los novios, algunos hechos significativos de su historia de amor y enfatizar en su alegría por compartir el momento con ellos.

Prisma Blanco Fotografía©

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En esta introducción puede incluirse algún matiz más legal, como una aclaración de que la pareja ya contrajo matrimonio oficialmente en el juzgado o en el registro civil, aunque no es totalmente necesario, pues priman las emociones por encima de la burocracia.

A continuación son los novios los que toman la palabra. Cada uno de ellos debe pronunciar sus votos de forma libre y por orden. Estos se suelen mantener en secreto hasta el gran día, al menos entre la pareja, pero el oficiante puede ayudar a su amigo o a su amiga leyendo y escuchando el discurso que tiene preparado y dándole su opinión.

Serafín Castillo©

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Tras unos votos que seguramente habrán arrancado lágrimas entre los contrayentes y los invitados, el oficiante procede a preguntarle a cada uno de los miembros de la pareja la clásica pregunta: “¿Quieres contraer matrimonio con…?”. Ellos dirán que sí (¡más les vale!) y, después, intercambiarán sus anillos mientras pronuncian la conocida frase: “Yo me entrego a ti como esposo/a, y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe”. Como se trata de una boda simbólica, estas palabras pueden modificarse al gusto de cada uno.

La entrega de arras es un paso muy bonito que a algunas parejas les gusta incluir en este momento del matrimonio. Según la tradición, él le da a ella trece monedas como símbolo de que compartirán, a partir de ahora, todos sus bienes. Doce de ellas representan los meses del año, y la restante tiene en cuenta a los desfavorecidos.  Este paso puede omitirse o bien reconvertirse: ella puede entregarle a él las arras, para darle la vuelta y modernizar esta tradición ya algo arcaica. También pueden intercambiarse pan en lugar de monedas, encender unas velas… hay varias maneras de personalizarlo.

Mirlo Azul©

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El momento más esperado llega ahora: el oficiante declara marido y mujer a la pareja y grita que ya pueden besarse. Una música romántica pondrá la guinda ideal al pastel. Los novios desfilarán por entre las sillas de los convidados mientras estos les lanzarán arroz y les vitorearán.

Como ves, oficiar una boda no es tan complicado como parece. Tan sólo requiere esfuerzo, dedicación y una buena organización, pero el resultado vale la pena. Para asegurar que todo vaya bien, ensaya el guion con los novios unas semanas antes de la boda e, incluso, si tienes la oportunidad, la tarde anterior. Así iréis más tranquilos y con la seguridad de que todo saldrá perfecto.