Este verano Canarias dio la gran noticia: ya se pueden realizar bodas en sus playas. Seguro que muchas habéis soñado con un escenario tan idílico en el que una larga alfombra blanca divide a los invitados en dos, sentados en unos rústicos bancos, y te dirige hacia un altar repleto de flores que enmarca las olas cristalinas del mar.

©Nathan Wu Photography

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No es que puedas llegar a la playa con toda tu familia y amigos, plantar un juez allí -la Iglesia local se ha negado a oficiar bodas fuera de un templo sagrado- y montar la fiesta de tu vida. No. Tienes que arreglar una serie de asuntos legales y tener en cuenta qué especificidades demanda una boda de este calibre.

El primer paso -en el caso de las islas- es pedir una solicitud a la Demarcación Provincial de Costas. Ahí tendrás que indicar cuántos metros cuadrados se van a ocupar del dominio público para la celebración y durante cuánto tiempo porque, al fin y al cabo, la playa es un lugar público y  no puedes acapararla de por vida.

Nada viene gratis, así que deberás pagar una fianza -hay que asegurarse de que vais a ser respetuosos con el  medio ambiente- y un canon por la ocupación del dominio público. Y, por último, hay que pedir un informe al Ayuntamiento del municipio donde se encuentre la playa que has elegido y a la Consejería de Política Territorial del Gobierno de Canarias.

Ya te sabes de memoria la parte aburrida, así que pasemos a la divertida. ¿Cómo debe ser la decoración de una boda en el mar? ¿Qué hay del vestido de novia, y de la ropa de las damas de honor y los invitados?

La naturaleza pide frescura, espontaneidad y sencillez. Si deseas una ceremonia en un sitio como este, despídete de los tocados ostentosos y los vestidos de cola interminable. Un conjunto vaporoso, que baile grácil con la brisa marina, el cabello ligeramente suelto y un maquillaje suave serán tus aliados en este día.

Paula Ohara

Paula Ohara

Anna Campbell

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©Christina Szczupak Photography

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Si te atreves a ponerte un biquini debajo y sorprender a todos con un baño post “sí, quiero”, mejor todavía.

©Radiant Photography

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La decoración, obviamente, va a vuestro gusto. Pero las compañías ideales para el dorado de la arena, el amarillo del sol y el azul del cielo y el agua, son los blancos y los pasteles en las cortinas de un altar sobrio y los motivos florales.

Peggy Picot

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©Krista A. Jones

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©Melina Wallisch Photography

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©Brooke Merrill Photography

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©Garrett Holden

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Una enorme ventaja de una boda en la playa es que, al tratarse de un espacio reducido, vais a tener que priorizar e invitar solo a las personas verdaderamente cercanas, lo que dará lugar a un evento mucho más íntimo y personal.

Sobre el clima, si elegís estrenar las Canarias no tenéis nada de qué preocuparos, por algo las llaman las islas afortunadas. En invierno, en el día más frío -a excepción de zonas verdes a mucha altura- el termómetro marcará 15 grados. Primavera y verano son las mejores épocas, con temperaturas suaves en abril y mayo, y con un calor soportable de junio a agosto, pues las zonas costeras pueden presumir de oscilaciones tenues en sus temperaturas. Apenas llueve en todo el año, aunque como os pille el día malo, ya podéis correr, así que descargaos unas cuantas apps de meteorología para evitar que las leyes de Murphy se ciernan sobre vosotros.