El día en que decidisteis casaros fue perfecto. Él (o ella) se arrodilló ante ti, pronunció las más tiernas palabras de amor, te entregó un anillo y te pidió estar juntos para siempre. No podríais estar más enamorados… hasta que un día tenéis la primera discusión pre-boda. ¿Cómo debes actuar en esta situación?

Para empezar, tranquilízate, pues es algo normal. De hecho, es mejor discutir que no hacerlo, porque esto significa que contrastáis puntos y os importa y afecta la opinión del otro. La indiferencia es el verdadero peligro de una relación. Es muy importante que, ante un roce, te plantees lo siguiente: ¿cuál es la importancia del asunto? ¿Es un tema grave o sólo una nimiedad? Por ejemplo, pueden ser motivos de disputa las diferencias de opinión en la decoración, la música, la colocación de los invitados en las mesas, etc. Estas son trivialidades que vosotros solos deberíais ser capaces de resolver rápidamente. 

Bamba&Lina©

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Sin embargo, existen otros aspectos más serios que pueden llegar a convertirse en un problema trascendente. Aunque dispongas de un año, aproximadamente, para organizar cada preparativo con cierta tranquilidad, nunca parece suficiente tiempo, y el estrés puede llevar al malestar en la pareja, pues puede que uno de los dos sienta que está poniendo más de su parte que la otra.

En algunos casos son las familias de los implicados las que, sin querer ni ser conscientes de ello, crean conflicto. Si una familia cuenta con un poder socioeconómico superior a la otra, va a esperar ciertos lujos en el evento que sus homólogos, tal vez, no podrán permitirse e incluso considerarán pretenciosos. Asimismo, uno de los miembros de la pareja puede llegar a verse muy influenciado por las valoraciones de sus padres y olvidar que la opinión de su cónyuge también cuenta, incluso más.

Lucía Romero©

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Como esta clase de temas requerirá una conversación más profunda, lo mejor es que, antes entrar a ellos, os distanciéis del asunto para no tomarlo en caliente. Con la cabeza fría se ve todo con mayor claridad y no se incurre en frases o acciones que lleven, más tarde, al arrepentimiento.

Aunque parezca una obviedad, el respeto es una virtud que muchas personas pierden, incluso con sus seres queridos, en situaciones adversas. Una discusión adulta debe carecer de sarcasmo, reproches o coletillas como “tú siempre”, “tú nunca”, “haz lo que quieras, me da igual”… Para avanzar en la relación, has de decir adiós al orgullo y abrazar el diálogo constructivo.

One Love Photography©

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Entiende que la finalidad de vuestras charlas no es ganar ni salirte con la tuya. La finalidad es llegar a un término medio que os contente a ambos. Una relación no es sólo amar, compartir y divertirse, también implica, algunas veces, sacrificarse por el bien común. Si aprendes desde ahora a ceder un poco y, a la vez, a agradecer a tu pareja que ceda otro poco por ti, empezaréis a fabricar una base sólida de comprensión mutua que cimentará una vida plena y feliz.

El último consejo que te proponemos es el que más te va a ayudar: observa con perspectiva de futuro. Pregúntate si la discusión que estás teniendo habría sido igual (o habría existido, tan siquiera) de no estar preparando la boda. Plantéate si vale la pena olvidar años y años de buenos momentos por un bache momentáneo. Y, sobre todo, piensa si ese disentimiento implica algo determinante de por vida (como puede ser el lugar en el que planeáis vivir y formar una familia o la manera de educar a los hijos). Si la respuesta a estas cuestiones es no, entonces respira tranquila, lo superaréis. Y, lo mejor de todo, es que saldréis fortalecidos de la experiencia y más unidos que nunca.