Todas las flores nos gustan: grandes, pequeñas, coloridas o de tonos pasteles, neutros o empolvados, cada una de ellas tiene un encanto especial y es única en su belleza. A la hora de casarnos, nos vemos inmersas en tal cantidad de posibilidades que nos abruma tener que elegir las mejores flores para el ramo, los centros de mesa y la decoración. Pero tranquila: estos sencillos consejos te ayudarán, al menos, a acotar entre tus posibilidades y escoger los mejores arreglos posibles para que tu boda sea preciosa.

Elige flores de temporada. Las flores de cada estación son más económicas y mucho más duraderas que las que, en esa época, sólo puedes conseguir en un invernadero. Hazte con dalias, hortensias, crisantemos, caléndulas y alhelíes para el otoño-invierno, mezclándolas con ramas y hojas secas si tu boda es en septiembre u octubre. En primavera-verano hazte con orquídeas, jacintos, lirios, azucenas o lavanda (esta última, además, tiene un olor delicioso).

Dales un significado especial. Si estás dudando entre varias especies, tal vez te ayude pensar en las primeras flores que te regaló tu pareja, o en el ramo que te entregó el día que te propuso matrimonio. Decídete por esas flores tan especiales y cargadas de simbolismo para adornar las mesas, las sillas, el suelo, las paredes del salón…

Piensa un color temático para tu boda. Muchas parejas escogen un color temático para su boda, que va a funcionar como música de fondo para cada detalle de la ornamentación tanto en la iglesia como en el salón o finca. Esto te ayudará a cribar entre la multitud de flores de temporada que tienes a tu disposición en cada estación. En primavera apetecen colores vivos, en verano los cálidos como el amarillo y el verde lima, en otoño los pasteles, tierras y anaranjados, y en invierno tonos potentes como el rojo, en contraste con el blanco.

Busca la armonía cromática. Obviamente no tienes que limitarte a una sola planta: puedes elegir tres o cuatro diferentes e ir mezclándolas a tu gusto. Lo que sí debes tener en mente es que haya cierta concordancia entre los centros de mesa, las sillas, los bancos de la ceremonia, los pétalos que lancen las niñas y los pajes, el botonier del novio y el ramo de la novia.

Haz que las flores duren más tiempo intactas. Existen muchas maneras en las que puedes presentar tus flores: en ramilletes, en macetas, en agua… En caso de que te decantes por jarrones llenos de agua, te recomendamos que te cerciores de que en esa agua no se generan bacterias (que son las responsables de que se vaya poniendo mustia) echando un par de gotas de lejía, o un par de cucharadas de vinagre y de azúcar e, incluso, el polvo de una aspirina. Y, para las que no están en agua (como tu ramo, por ejemplo) el truco es facilísimo: aplica un poco de laca de pelo en spray y conseguirás que permanezcan incorruptas mucho más tiempo.

Triunfa con flores aromáticas. Todo el mundo, cuando se encuentra ante flores naturales, hace el gesto inconsciente de acercarse para olerlas. Por eso te sugerimos que intentes que algunas de tus elecciones desprendan ricos aromas, como sucede con las rosas, el jazmín, las gardenias, las azucenas, los jacintos o la madreselva, por ejemplo.

Prepara un ramo distinto para lanzar. Muchas novias se sienten en la dicotomía de lanzar el ramo o regalarlo y, en este segundo caso, es difícil elegir entre una de tus hermanas o tus amigas. Por eso te recomendamos que hagas ambas cosas: por una parte, que regales tu ramo a esa hermana, prima o amiga que sabes que está a un paso del altar y, por otra, que encargues un ramo parecido, pero no idéntico, para lanzarlo entre el resto de las chicas.