Seguro que habías oído hablar de la costumbre de usar un segundo vestido de novia. Lo hizo Eva González con dos diseños de Pronovias en su unión con Cayetano Rivera, la princesa Kate Middleton (que confió en ambos casos en Sarah Burton) y también Paula Echevarría, con unos preciosos Rosa Clará.

¿Qué te parecería dar un paso más y llevar tres trajes, uno para la boda, otro para el banquete y el último para la fiesta? Sí, es una inversión de dinero y de tiempo, pues tienes que pensar qué características deseas para cada uno de ellos, si bien también cuenta con varias ventajas. Tal vez tu madre o tu abuela tienen ese vestido familiar que tanto significa para vosotras, y que deseas lucir hasta el altar. Aún así, has visto otro maravilloso, El Vestido, en mayúsculas, ese con el que has soñado desde pequeña. Pero ninguno de los dos es apto para aguantar toda la noche en pie pasándolo en grande. La solución parece clara: cámbiate de vestido según la ocasión. Te ayudamos a decidir cómo.

El vestido de la boda. Este es el más importante, el primero, con el que vas a irrumpir en la iglesia (o el lugar en el que celebres el evento) e impactarás a tu futuro marido y a todos tus amigos y familiares. Por ello, si deseas lucir un diseño ostentoso, este es el momento: lánzate a la magia de las colas de varios metros, la pedrería, el encaje y las espaldas escotadas. Combina esto con zapatos de tacón alto, sin miedo, porque más tarde puedes cambiarlos. Los velos clásicos, largos, sujetos al tocado o tipo mantilla son una maravilla para este estilo de princesa de cuento. En definitiva, en el primer vestido prima la estética por encima de todo. Nuestra propuesta: este Zuhair Murad de la colección Spring Summer 2016, de un blanco pulcro y un encaje tan delicado que te convertirá en una novia etérea. 

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©Sally Pinera / ©Leslee Mitchell Photography

El vestido del banquete. Ya estás de vuelta de la sesión de fotos tras la boda, y los invitados te esperan disfrutando de su cóctel. Quieres verte espectacular, pero eres consciente de que vas a pasear por las mesas saludando y dando besos, y de que vas a comer (y no poco). Esto requiere una vestimenta confortable sin renunciar, todavía, a la magnificencia de un buen vestido de novia. Lo mejor es que mantengas el largo del traje pero te olvides de la cola, que te quites el velo y saques a la luz tu peinado y tu tocado, y que cambies el tacón alto por uno medio. Nos encanta este Lela Rose, que dibuja perfectamente la figura y tiene un elegante escote trasero pero, a la vez, es cómodo y te ofrece movilidad. 

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©Sally Pinera / ©Photography-Greg Finck (Lela Rose)

El vestido de la fiesta. Llegados a este punto del día (o de la noche) ya te has lucido como una estrella de la alfombra roja y lo que quieres es bailar, reír y disfrutar como si no hubiera mañana. Toca ir en falda corta, guardar los tacones y optar por unas bailarinas o unas sandalias planas, y no tener miedo a desmelenarte y desgastar el maquillaje. Zac Posen te propone un modelo corto, perfecto para sacar tu lado más fiestero. david bridal

Zac Posenvestido corto de novia

©Featured Dress- Watters