Esther y Aitor se conocieron en el balneario de Panticosa en el año 2007.

Compañeros de trabajo, coincidieron en la inauguración del Hotel Continental. Aitor trabajaba en el Hotel Las Margas y lo mejor que le pudo pasar fue su traslado al Hotel Continental, donde trabajaba codo con codo junto a Esther, además de compartir aficiones como el Snowboard, trekking o barranquismo.

Día tras día fueron forjando su relación hasta convertirse en lo que son hoy en día: marido y mujer.

Esther nos confiesa que el motivo principal para casarse allí es algo más que simbólico, fue el lugar en el que se conocieron y les gustaría recordarlo para siempre. Esther y Aitor son unos enamorados de las montañas y pensaron que era un lugar idílico para casarse.

Quisieron una boda enfocada a la naturaleza donde lo rústico predominaba en el entorno, el cual lo hacía el lugar perfecto.

La novia, preciosa con un vestido de crep de seda con detalles en gasa de Martha Peters, maquillaje natural y un recogido de moño bajo realizado por Laura Fraca. El novio con un elegante traje recto de Armani y ambos presumían de anillos tallados con el perfil de las montañas del balneario de Orfebre Moncho Morandeira.

La decoración floral tanto de la ceremonia como la de la finca y banquete, ramo de novia y tocado corrió a cargo de Mayula Flores. La flor predominante y apta para la ocasión era el Edelweiss, la favorita de Esther. Una hermosa flor que nace en lugares extremos, desprendiendo nobleza blanca que refleja intuitivamente el amor entre Aitor y Esther.

Por hacer el símil entre el trabajo y el Edelweiss, se podría decir que hemos sobrevivido a varios eres, avalanchas, inundaciones, y demás inclemencias, sobreviviendo como lo hacen los Edelweiss” nos cuenta Esther y por eso quisieron forjar su amor con el intercambio de anillos y dos Edelweiss para recordar que juntos podrían superar fuertes obstáculos.

Tanta es su pasión por la nieve y las montañas que quisieron reflejar en las invitaciones (realizadas por Diseño Gráfico Jana Royo) un proverbio chino que resume una relación unida y forjada como la suya: » un copo de nieve nunca cae en lugar equivocado «, cuyo significado para Esther y Aitor es “que las cosas no suceden por casualidad, y todo eso conlleva un aprendizaje”.

Por eso decidieron que el logo de su boda fuera el copo de nieve, que fue el que los unió y reflejarlo en varias partes de la boda, como en los gemelos del novio (de Orfebre Moncho Morandeira), las galletas y cupcakes del candybar, las invitaciones y parte de elementos decorativos del seating plan (Diseño Gráfico Jana Royo).

En su boda quisieron plasmar su gusto por el romanticismo oscuro de Tim Burton. En la entrada de la novia sonó una canción de la banda sonora de Eduardo Manostijeras interpretada por Cuarteto Sibelius y la tarta de la novia Cadaver (por The Cupcakes Home y diseño por Zesis) con los muñecos elaborados a mano por su amiga Adriana Baldus, la canción de entrada al restaurante de Beetlejuice, y la del baile “Nights in white satén”.

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Enhorabuena Aitor y Esther, ¡bienvenidos sean los copos de nieve!

Gracias a Neima Pidal por inmortalizar estos momentos tan mágicos.

 

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