Cada persona tiene su idea perfecta de luna de miel. Algunos sueñan con hoteles lujosos, otros con playas escondidas en medio de la nada, otros con paisajes verdes, frondosos e idílicos. Lo que está claro es que no todas las parejas son iguales ni disfrutan de las mismas cosas a la hora de viajar. ¿Quieres saber qué luna de miel se ajusta más a lo que necesitas?

Luna de miel tradicional. La luna de miel de toda la vida se hace en un sólo destino, en un hotel de varias estrellas. La pareja suele escoger un sitio bastante exótico y paradisiaco como Bahamas o Polinesia, localizaciones perfectas para desconectar de las que ya te hemos hablado. Lo que se busca en la luna de miel clásica es relajarse, evadirse, pasar unos días sólo con la persona a la que quieres dando paseos, bañándose en el mar, aprovechando el spa, haciendo turismo suave y adentrándose en la cultura local. Serán imprescindibles varios biquinis, crema solar y buenos libros para leer en la comodidad de la hamaca.

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Luna de miel cultural. Algunas personas no concuerdan con la idea de “no hacer nada” durante varios días y necesitan cultivar la mente con nuevos conocimientos de una o más culturas ajenas. Si perteneces a este grupo inquieto, visita, por ejemplo, Asia, que está llena de ricas tradiciones en China, Japón, Tailandia… Los amantes del arte clásico han de pisar las ciudades europeas repletas de arquitectura y museos con maravillosos cuadros y esculturas que se encuentran en Italia, Francia, España, Portugal o Alemania.

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Luna de miel de maravillas naturales. El perfil de viajero de la luna de miel cultural es casi, casi, el mismo que el de este tipo de escapada, pero con una diferencia: estos últimos prefieren el arte que ha surgido en la naturaleza por encima del que ha creado el ser humano. En casi todas las partes del mundo encontrarás increíbles paisajes: de playa, de campo, de montaña… En Australia, por ejemplo, la Gran barrera del coral o el Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, que es Patrimonio de la Humanidad, son algunas de las principales atracciones turísticas. En Argentina encontrarás un fortísimo contraste entre la aridez de Humahuaca y la frialdad del Parque Nacional de Los Glaciares.

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Luna de miel gastronómica. El turismo gastronómico no es ninguna broma: comer es algo social, es algo agradable, es una actividad que se disfruta en pareja y los platos de cada pueblo y región dicen mucho de la cultura de la zona. Por eso te instamos a que, en lugar de en un hotel caro te hospedes en uno más modesto e inviertas tu presupuesto en degustar los manjares típicos de la ciudad o ciudades que visites. A veces las pequeñas tascas escondidas tienen mucho más que ofrecer que los grandes restaurantes conocidos. Arriésgate y prueba de todo.

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Luna de miel en crucero. Si no os mareáis en barco, os encanta el mar y queréis estar literalmente aislados de todo y de todos, os recomendamos que paséis la luna de miel en un crucero. Se trata de una excelente oportunidad para relajarte a la par que conoces varias ciudades por las que irá parando el barco. Si lo prefieres también puedes contratar un crucero que se centre en un sólo lugar, como el Crucero Mares Vikingos de Islandia, donde descubrirás todos los rincones de esta enorme isla.

Crucero

Luna de miel de aventuras. Por último, los deportistas, los mochileros y, en definitiva, los aventureros tienen que hacer una luna de miel a su medida. No vale un hotel cómodo lleno de lujos ni un simple recorrido por la ciudad: vosotros queréis caminar por los bosques, escalar montañas y hacer camping si hace falta. Será un viaje muy original, diferente a la mayoría de las lunas de miel, y seguro que viviréis experiencias inolvidables. Llevad siempre encima una buena cámara de fotos para inmortalizar cada segundo.

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